Amor a primera vista
Nos
vimos por primera vez la semana pasada y me llamó la atención porque entre el
movedero de gente que te obliga a avanzar hacia la parte de atrás de la micro,
de pronto me encontré cara a cara con él y lo primero que asaltó mi mente fue
decirle: "Hola, hace mucho que no veía un hombre tan guapo como tú, cásate
conmigo". Pero el frenón de camión ganadero que dio el chofer me removió hasta
el cerebro y me impidió hablar.
Y ahí
estaba él, más lindo que ver la cordillera nevada. Y ahí estaba yo
completamente embobada con su aspecto, a menos de 30 centímetros de su cara sin
lograr quitarle los ojos de encima. La micro llegó al paradero y yo tenía que
bajarme, él se acercó a la puerta...rogué a todos los ángeles que se bajara
también, hasta le ofrecí a virgencita un rosario completo, pero parece que la
virgencita estaba en otra, porque cuando la micro reanudó la marcha, al
voltear hacia atrás no vi a nadie y justo me pilló mirándolo por la ventana
mientras se alejaba.
Caminé
rumbo a mi oficina pensando que al menos había comenzado la semana de la forma
más agradable posible y al llegar al semáforo a dos cuadras de distancia de mi
destino ¡CHAN! ¡Ahí está él de nuevo!! Ya planeaba cómo hacer para tomarle una
foto con el celular (disimulando) cuando él aprovechó una pausa en el tráfico
para cruzar con el semáforo de peatones en rojo... a punto estuve de cruzar
detrás de él y a punto estuve de ser arrollada por un auto que al frenar hizo
tanto ruido con los neumáticos que HGM volteó a mirar que pasaba y me vio haciendo
el ridículo a media calle en el cruce de la muerte.
Lo
último que vi de él ese día fue la parte de atrás de su abrigo largo mientras
daba la vuelta a la misma esquina donde lo hago yo para ir a mi trabajo, pero
eso fue todo porque tuve que esperar todavía 3 minutos más a que el maldito
semáforo cambiara para –finalmente- cruzar la calle. Llegué a mi edificio
pensando que quizás lo encontraría esperando el ascensor, que subiríamos juntos
y podría escuchar su voz al decir buenos días o chao. Pero no, al entrar
estaban esperando el ascensor puros viejos feos, gordos y pelados...¡Pucha, qué
tanto le costaba al destino! Ni rastro de HGM.
Me pasé todo el día en la oficina sin hacer nada, tomando café y
rogándole a toda la corte celestial encontrarme con él a la hora de almuerzo o
de vuelta a la casa.
Parece
que la corte celestial tenía otros planes para mí y HGM. Todavía no se cuáles
son, pero estoy convencida de que nos volveremos a encontrar...Así tenga que
subirme a todas las micros del transantiago.
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