jueves, 15 de agosto de 2013

HGM PARTE 1: Hombre Guapo en Micro


Amor a primera vista

Nos vimos por primera vez la semana pasada y me llamó la atención porque entre el movedero de gente que te obliga a avanzar hacia la parte de atrás de la micro, de pronto me encontré cara a cara con él y lo primero que asaltó mi mente fue decirle: "Hola, hace mucho que no veía un hombre tan guapo como tú, cásate conmigo". Pero el frenón de camión ganadero que dio el chofer me removió hasta el cerebro y me impidió hablar.

Y ahí estaba él, más lindo que ver la cordillera nevada. Y ahí estaba yo completamente embobada con su aspecto, a menos de 30 centímetros de su cara sin lograr quitarle los ojos de encima. La micro llegó al paradero y yo tenía que bajarme, él se acercó a la puerta...rogué a todos los ángeles que se bajara también, hasta le ofrecí a virgencita un rosario completo, pero parece que la virgencita estaba en otra, porque cuando la micro reanudó la marcha, al voltear hacia atrás no vi a nadie y justo me pilló mirándolo por la ventana mientras se alejaba.

Caminé rumbo a mi oficina pensando que al menos había comenzado la semana de la forma más agradable posible y al llegar al semáforo a dos cuadras de distancia de mi destino ¡CHAN! ¡Ahí está él de nuevo!! Ya planeaba cómo hacer para tomarle una foto con el celular (disimulando) cuando él aprovechó una pausa en el tráfico para cruzar con el semáforo de peatones en rojo... a punto estuve de cruzar detrás de él y a punto estuve de ser arrollada por un auto que al frenar hizo tanto ruido con los neumáticos que HGM volteó a mirar que pasaba y me vio haciendo el ridículo a media calle en el cruce de la muerte.

Lo último que vi de él ese día fue la parte de atrás de su abrigo largo mientras daba la vuelta a la misma esquina donde lo hago yo para ir a mi trabajo, pero eso fue todo porque tuve que esperar todavía 3 minutos más a que el maldito semáforo cambiara para  –finalmente- cruzar la calle. Llegué a mi edificio pensando que quizás lo encontraría esperando el ascensor, que subiríamos juntos y podría escuchar su voz al decir buenos días o chao. Pero no, al entrar estaban esperando el ascensor puros viejos feos, gordos y pelados...¡Pucha, qué tanto le costaba al destino! Ni rastro de HGM.

Me pasé todo el día en la oficina sin hacer nada, tomando café y rogándole a toda la corte celestial encontrarme con él a la hora de almuerzo o de vuelta a la casa.
Parece que la corte celestial tenía otros planes para mí y HGM. Todavía no se cuáles son, pero estoy convencida de que nos volveremos a encontrar...Así tenga que subirme a todas las micros del transantiago.

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