jueves, 15 de agosto de 2013

Starbucks

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 El país de las maravillas

Siempre que voy a starbucks me pregunto por qué todo el tiempo la gente está feliz en ese lugar. A ver, piénsenlo: ¿alguna vez han visto una pareja peleando en starbucks? ¿o a un tipo malhumorado pidiendo su big mac con queso AHORA a gritos? ¡Nooo! Porque Starbucks es el reino de la felicidad.

No sé cómo le hacen pero al menos en el local que está cerca de mi oficina todo el mundo es feliz a todas horas ¿será que ponen algo en el aire? ¿una droga de la felicidad? no me extrañaría cualquier rato comenzar a ver la cara del gato de Cheshire mientras espero por mi Skinny Vanilla Late alto con un extra shot de café, bien caliente.

 Hablando en serio, calidad del café a parte, siempre que necesito un poco de aire y distracción frívola bajo de las alturas del noveno piso y me voy caminando directo al café de la sirenita. Ya no puedo dedicarme a escuchar conversaciones ajenas como aquella porque ahora tengo que volver a la oficina, pero sí me tomo mis buenos 10 o 15 minutos para observar el lugar. Es como entrar en el país de las maravillas por lo variopinto de sus habitantes.

Para empezar, siempre que voy termino conversando con alguien. Al principio me extrañaba, después de todo, en Chile uno no conversa ni con los vecinos en el ascensor, pero en el país de las maravillas todo es posible, así que -a lo mejor es coincidencia, a lo mejor es por la droga de la felicidad- ahora ya me acostumbré y dejé de mirar a mis interlocutores con sorpresa y recelo.

Luego están los baristas, que te atienden con una sonrisa más grande que la del gato antes mencionado, te llaman por tu nombre a la tercera visita y se aprenden tu café predilecto. Yo me pregunto ¿les pagarán muy bien? yo trabajé en un café durante un tiempo y la verdad es que como a las 3 o 4 horas de estar parada todo el tiempo, sirviendo café y atendiendo clientes, a yo comenzaba a sentir unas unas incontrolables ganas de morder gente...¿cómo lo hacen? Quizás a los empleados les suministran directamente la droga de la felicidad.

Eso sí, tengo que admitir que este es el país de las maravillas menos colorinche que he visto en mi vida: todos, o casi todos visten de negro. Es como si en la calle y oficinas aledañas a Isidora Goyenechea existiera un código de vestimenta secreto que dicta el negro como color para dejarte entrar a su club. Y lo digo con conocimiento de causa: me compré un abrigo color camello y resalto como negrito en el arroz pero a la inversa ¿cómo arroz en el negrito?

En fin, el asunto es que con todo lo caro y sobrevalorado que está su café, con las filas que hay que hacer para que te sirvan, con lo lleno que está siempre y lo difícil que es encontrar una mesa, la gente sigue yendo...¿Cuestión de status? ¿Adicción? No lo se, yo por lo pronto me siento Alicia persiguiendo al conejo cada vez que entro por esa puerta...así que no queda otro remedio que seguir yendo para descubrir el secreto.

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